El misterio de las cruces esvásticas


Polémicas pintadas en el museo de ciencias naturales de la plata

Un cajón de madera marcado con el símbolo del Tercer Reich y la palabra “Heil” fue encontrado en el depósito del museo; las autoridades prometieron investigar cómo llegó hasta ahí. Otros cajones con cruces provocaron confusión.

Las pinturas. Raffino explicó que el primer cajón es de 1925. El otro fue pintado con aerosol y esa cara no se veía porque estaba apoyada contra una vitrina.

Dentro de las salas del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, la tranquilidad es aparente. Una denuncia que habla de la existencia de “cruces esvásticas” y de “cajones nazis llenos de cráneos humanos” sacudió los cimientos de esta institución centenaria con la misma fuerza con la que el granizo destruyó buena parte de sus vitrales la Semana Santa pasada. “Campaña infundada”, “difamación gratuita” o “ignorancia” son algunas de las palabras que arrojan al cielo los investigadores de la institución fundada en 1888 por Francisco Moreno y que ahora se ve duramente atacada.

Una de las científicas más compungidas es la arqueóloga Ana Igareta, quien está a cargo del depósito 25 del Departamento de Arqueología del museo de ciencias naturales más importante del país. Su irritación se advierte en su cara, en su voz, en cada uno de sus gestos. Dice que cuando vio la semana pasada la nota “Las esvásticas del Museo” en la revista La pulseada no lo pudo creer. “Los que trabajamos hace años tratando de mantener los depósitos estamos indignados. No sólo por la impune manipulación de la información sino también por la incapacidad de diferenciar una esvástica hitleriana, o sea una esvástica sinistrógira, de un símbolo milenario de buena suerte, una esvástica dextrógira, utilizada en la India, Tíbet, Nepal y otras partes de Asia”.

Las definiciones de Igareta sólo sirven de preámbulo para un descenso a los subsuelos de este edificio donde conviven armónicamente biología, geología, botánica y otras disciplinas. Como todo viaje al submundo de una institución centenaria, el recorrido comienza al atravesar una pequeña puerta y al dejar atrás una escalera estrecha.

Los pasillos se reproducen como si fuera un laberinto. Sólo aquel que transita por estos corredores flanqueados por grandes armarios sabe qué vuelta dar y cuál no. Y Ana Igareta sabe. Luego de varios giros rápidos a derecha e izquierda, el minitour concluye. Su oficina se abre. Y allí están los tres cajones de la polémica. “Anglo-Mexican Petroleum Co. Ltd.” son las palabras que adornan los dos primeros cajones de madera que lucen también el logotipo de la empresa, una esvástica dextrógira. La etiqueta disipa toda duda de procedencia nazi: “Fragmentos de cerámica: Arroyo Malo, Canal Gobernador Arias, Viaje: Pablo Gaggero, Febrero de 1925”.

“El museo nunca tuvo presupuesto para tener cajones propios y siempre se usó lo que se tenía a mano”, acota Igareta. Cajas de bananas o de azúcar que contienen piezas arqueológicas lo confirman. “Estas no son esvásticas nazis. Los cajones eran de una empresa mexicana que se fusionó con otra de venta de petróleo de origen persa”.

La nota publicada en La pulseada obligó a los investigadores a revisar hasta el último rincón de los tres depósitos de arqueología colmados de 25 mil piezas antiguas. “Se están cayendo a pedazos. No hay ratas ni cucarachas pero sí arañas venenosas”.

El cajón que más intriga es uno con la inscripción “Cinzano” que en un costado tiene pintada en aerosol rojo una esvástica sinistrógira acompañada de la inscripción “Heil”. “Esa cara del cajón se encontraba apoyada contra el interior de la vitrina, y su vista completamente bloqueada para los que transitan por el depósito”, aclara la arqueóloga que tiene pensado mandar a analizar la pintada.

“Son de hace menos de 30 años porque recién hace tres décadas que se usan estos aerosoles”. “No vamos a destruir esos cajones. Vamos a investigar cómo aparecieron acá”, asegura por su parte Rodolfo Raffino, jefe del Departamento de Arqueología. “Las acusaciones seguramente provienen de sectores que apoyan a las comunidades indígenas. Nadie niega el exterminio durante la conquista del desierto”.

Hace un año, la política del museo cambió y se decidió no exhibir más indios muertos. Todos los esqueletos y cuerpos momificados fueron removidos de las vitrinas. “Yo soy partidario de la devolución. Acá conviven los fantasmas de Ameghino, de Perito Moreno y de Dardo Rocha. El museo es un objeto arqueológico en sí mismo”.

(Critica Digital 4/5/08 - http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=3821 )
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